Mini mininos

lunes, 26 de enero de 2015

Los obstáculos del camino

Mi mayor asombro fue tu esmero por la limpieza, diría que rayabas en la obsesión. Y es que la  experiencia que yo tenía en estos asuntos me la había dado la Britannia, y era poquísima porque ella tuvo a sus bulldoguitos por cesárea.

Tus cinco crías mamaban y mamaban y tú no los parabas de lamer. La primera señal del problema que se presentaría fue una de tus tetitas que comenzó a sangrar... No hubo un segundo en que Amy le diera tregua. Al quinto día fue evidente el dolor que sentías y vino una vet. Te diagnosticó una mastitis lo que implicó un pinchazo para evitar que continuara inflamándose y una receta con antibióticos por diez días para combatirla. Tus guaguas no podrían seguir mamando porque a través de tu leche tomarían los mismos antibióticos y para ellos eso sería fatal. Compramos un par de mamaderas enanas y un pote de Mamistop Gato para alimentarlos por ti.


El primer intento fue angustiante. Era fácil entender que succionar un pedazo de goma era muy distinto a ti, y que ninguno de los cinco aceptara el cambio. Pensé que no podría ayudarte y que los chiquititos se morirían de hambre. Para nuestra fortuna ahí estaba tu papá humano quien con mucha paciencia les enseñó a ellos y de paso a mí... Fui tan feliz cuando esas cositas bellas, que aún no abrían los ojos, comenzaron a chupar. El más rápido era siempre Baker y Amy siempre se tomó su tiempo, pero todos por igual, chillaban esperando que llegara su turno.

La idea era que después de darles su alimento tú pudieras limpiarlos e incentivarlos a hacer pipí sin correr riesgos pero ¿puedes creer que no encontré en ninguna tienda algo que pudiera mantener tus mamas escondidas de tan voraces pequeños? Así es que con un trozo de tela te inventé el "Nomames", una especie de faja que abotoné en tu lomo y nos alivianó la pega a las dos.

El 23 de diciembre se levantó una costra que tenías junto a una mama... literalmente, explotó y te dejó un cráter gigante. Una vet a domicilio te limpió la herida a eso de las 10 de la mañana pero insistió en que requerías de cirugía y quería llevarte a su clínica. Optamos por llevarte a una más cercana pero no podían atenderte si no hasta las 5 de la tarde. No quería que mi llanto te pusiera más nerviosa de lo que ya estaba adentro de tu jaulita, pero recordaba que tu vet de cabecera no atendería esos días de fiesta y no sabía qué hacer. La llamé igual y partimos a Recoleta de urgencia. Te sedó, con todos los cuidados que tu condición de salud requiere, y te puso un par de puntos.

¡Pobrecita! Gracias al collar isabelino, a otra tanda de antibióticos y a la faja Nomames seguías sin poder disfrutar de tus niños como hubieras querido.


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