Has sido una consentida desde que, toda debilucha, llegaste a nuestras vidas en Noviembre del 2013. Por tu condición requerías de especiales atenciones y nuestra mayor preocupación era que subieras los mil ochocientos gramos que marcaba la balanza. Con esa misión cumplida, me concentré en que estuvieras lo más contenta posible para que no te dieran ganas de arrancarte, jamás. "Donde mis ojos te puedan ver" te decía apenas asomabas tu nariz por el jardín y nunca renegaste hasta que, el 5 de octubre del año pasado, se te ocurrió salir de excursión.
Te subiste al muro y pasaste al jardín de la casa del lado. Y a la del lado de esa. Y a la del lado de aquella también. Se nos fue el día sociabilizando con los vecinos, tú con la Kitty, Silvestre y los tres que nunca supe el nombre y yo preguntándole a sus dueños si tus amigos había sido esterilizados... Jurábamos de guata que la sabia naturaleza todavía te consideraba una gatita débil y apostábamos a que tú sí lo estabas porque de seguro habías sido "de casa".
Te subiste al muro y pasaste al jardín de la casa del lado. Y a la del lado de esa. Y a la del lado de aquella también. Se nos fue el día sociabilizando con los vecinos, tú con la Kitty, Silvestre y los tres que nunca supe el nombre y yo preguntándole a sus dueños si tus amigos había sido esterilizados... Jurábamos de guata que la sabia naturaleza todavía te consideraba una gatita débil y apostábamos a que tú sí lo estabas porque de seguro habías sido "de casa".
Pero llegó la noche y tú no regresabas. Salí a la calle a preguntar por ti: "¿Con una plaquita fucsia en forma de corazón? Sí, yo la vi", "Los míos ya están durmiendo", "Pasó de carreritas por aquí pero hace raaato", "Amorosa ella ¿cómo dices que se llamaba?"... Granola, vocifereé tu nombre varias veces, mas no hubo caso, no habían rastros de ti. Te dejé abierta una ventana y la luz prendida para que te dieras cuenta y pudieras entrar sin dificultad. Me tuviste toda la noche en vela.
A la mañana siguiente, un gato que custodiaba la ventana abierta corrió despavorido gracias al alboroto que armaron Emma y House al salir. A ti te encontré en el borde del muro del otro lado de la casa con una mirada tan distinta a la que me tenías acostumbrada. Me acerqué y apenas me dejaste tomarte en brazos. No tenías señales visibles de haberlo pasado mal, ni un rasguño, ni un pelón, menos sangre. Pero no quisiste comer, solo tomaste unos sorbitos de agua y te arrellanaste sobre el horno para vidrio durante todo el día. Recién al anochecer, te subiste a mi regazo y comenzaste a amasarme. Habías regresado.
A la mañana siguiente, un gato que custodiaba la ventana abierta corrió despavorido gracias al alboroto que armaron Emma y House al salir. A ti te encontré en el borde del muro del otro lado de la casa con una mirada tan distinta a la que me tenías acostumbrada. Me acerqué y apenas me dejaste tomarte en brazos. No tenías señales visibles de haberlo pasado mal, ni un rasguño, ni un pelón, menos sangre. Pero no quisiste comer, solo tomaste unos sorbitos de agua y te arrellanaste sobre el horno para vidrio durante todo el día. Recién al anochecer, te subiste a mi regazo y comenzaste a amasarme. Habías regresado.

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