¡Tus bebés eran minúsculos! Me moría de la pena cuando cerraba la puerta del closet y tenía que dejarte del lado de afuera pero era la única forma de controlar que no se acercaran a tus tetitas inflamadas. Era evidente que ellos, con sus ojitos aún cerrados la primera semana, también te echaban de menos, pero después de tomar la leche y los veinte minutos que demorabas en darles su "baño", hacían un montoncito como si fueran rugbistas, y dormían la mayor parte del tiempo.
Averiguamos, otra vez en internet, que pesándolos era la única forma de saber si los esábamos alimentando bien. El 17 de diciembre fue la primera vez que los subimos a la balanza de precisión que uso para mis trabajos en vidrio: el más grandote resultó ser Doctor Who con 186 gramos y le siguieron Rose Tyler, Tom Baker y Amy Pond con 178, 176 y 172. Pero River Song, que se veía de casi la mitad de porte que el resto, apenas llegaba a los 108.
¡Si hubieras visto mi cara cuando abrieron los ojitos! Habría jurado que se quedaban mirándome fijo mientras tomaban sus mamaderas pero después supe que, al principio, esa mirada profunda y negra, solo percibía luces y sombras poco definidas.
No me tomaba descanso. Cada tres horas les preparaba sus papas, se las daba, te ponía tu Nomames, supervisaba tu estadía con ellos, te regaloneaba un ratito, lavaba las mamaderas y volver a comenzar... Era la única forma de lograr que fueran unos mininos sanos y fuertes. Seguí una rutina diaria, por reloj, incluyendo la balanza de las 4 de la tarde y el llenado de planilla.
Pasamos la Nochebuena tranquilos, en familia... solitos los diez. Y para el Año Nuevo, tus pequeños estaban en perfectas condiciones de salud. La, para nosotros, "flacucha" de River Song era la única que tenía el peso apropiado para su edad, el resto, querían seguir siendo rugbistas.


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